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Entre cantadores y pajizales: orígenes del topónimo

 Llanos de Paya

 

 

 

 

 

 

 

LA CONQUISTA EUROPEA trajo consigo un proceso de plasticidad cultural[1] mediante el lenguaje y el contacto físico del colonizador, cuyo resultado de la transcultización produjo un rápido mestizaje (provisto de una aculturización)  entre el indio y el negro. Esta transferencia cultural se refleja en la toponimia hispana regional. Un ejemplo local se observa en los nombre de los lugares del municipio Ortiz, donde subyacen topónimos antiguos que aparecen en las Crónicas de India y en la cartografía nacional. Estos nombres surgen desde el primer contacto de los primeros grupos con tierra adentro, y forman parte del patrimonio histórico local. Topónimos como Paya, Tiznados, Ortiz, entre otros, son un simple ejemplo de estudio. También existe una gama de nombres incorporados luego de la Guerra de la Independencia, tales como: La Caimana, Tigüigüe, (H) astas, entre otros, que muchas veces desplazan a toponimias indígenas y otros de caracteres históricos, debido a la dinámica propia del desarrollo de las comunidades.

 

A realizar un estudio etiológico de la toponimia hispánica o europea- siguiendo la metodología de Dick o Salazar Quijada- es necesario hacer algunas consideraciones que nos remontan, necesariamente,  al estudio de la historia de la ocupación de la Península Ibérica; ya que muchos de los topónimos traídos por los conquistadores a América y, en espacial a Venezuela, son productos de las diferentes invasiones ocurridas en la región Española antes de la conquista de Hispanoamérica.

 

Un ejemplo es el topónimo los Llanos de Paya, cuya transparencia parte desde la perspectiva espacio-temporal, “denotando” una cosa (un territorio, un pueblo o un núcleo poblacional), que si bien tal “denotación” no ha sido la misma a lo largo de los siglos) pero al mismo tiempo “connota” otra explicación ( un lugar caracterizado por la presencia de pajonales y pequeños cerros); una tal “ connotación”, que ha quedado fosilizada en el nombre actual del pueblo (o caserío)) Paya o Mesa de Paya, sólo puede ser averiguada con seguridad a través del estudio etimológico y histórico-documental; es decir, mediante la investigación del pasado (historia), pero que no puede ser a través de indagación del presente (es decir, mediante el estudio geográfico).

 

De este modo, podemos considerar que el topónimo Llanos de Paya es un apelativo común, y descriptivo en cuanto al hecho de referirse a una planada o llanura en que la presencia de “paja” la caracteriza semánticamente como “llanos de paja”, pero no es tan claro, en cambio, que se puede considerar como descriptivo el topónimo Paya referido a un caserío. Históricamente, los Llanos de Paya es un topónimo antiguo que tiene su inició documental en los llamados Hatos de Paya, que aparecen en las encomiendas. El Cronista de India Jacinto de Carvajal (1648) mencionó el lugar entre “… el Guárico, río que tiene el nacimiento suyo en los llanos de Paya y la Sierra de San Sebastián…”[2]. Los llanos de Paya aparecen en el contexto geográfico como una “necesidad de intensificar el control colonizador  y, posteriormente, dará paso a centros hegemónicos y sub-hegemónicos de acuerdo a los interés políticos administrativos dominantes “(Rodríguez, 1994:30). De allí surge el Partido Paya, como una unidad política, que posteriormente dará origen al Valle de Ortiz o Partido Ortiz y otras jurisdicciones locales a través de la conformación de sus espacios.

 

Pero comencemos a estudiar el término genérico llanos, que, etiológicamente, proviene del latín “planas” o “planaria”, el cual significa “lisa, apacible, llano, planicie”. De allí, también, deviene el vocablo llanero(a)[3]. Se trata de una voz que los castellanos conservaron de la antigua lengua de los visigodos conquistadores de España, en el siglo V de la era Cristiana; y representa un carácter geográfico general, caracterizado por porciones de tierras, de poca elevación sobre el nivel del mar. El término es una obra de la nobleza de los conquistadores de Castilla, de Navarro y de Aragón, quienes transplantaron junto con su empresa de conquista el fenómeno cultural de una comarca sometida en el proceso de consolidación del reino español como lo era Andalucía, a los llanos del Orinoco.

 

 

Arístides Rojas (1941) explica que el término llanos son sabanas dilatadas regadas por ríos caudalosos con montañas o grupos de árboles, con mesas de pocas elevaciones sobre el nivel del suelo, refugio de los rebaños y del hombre, cuando en los días de invierno las llanuras se convierten en delatados mares; y el llanero de las deheses deja el lazo por el remo y la canoa. Una vegetación tropical la caracteriza y la índole de sus moradores, raza fornida, ágil, valerosa, libre como la dilatada llanura, donde el llanero, sobre el rápido caballo se señoreaba de los elementos indomables. Estos factores naturales influyeron en el proceso demográfico de la sociedad colonial (Brito Figueroa, 1975: 136). De allí que los llanos fueron sometidos a distintos procesos y etapas del descubrimiento, conquista, colonización, independencia y desarrollo. Los tres primero aspectos fueron tardío, así como también su desarrollo económico no fue en concordancia con el del resto del país.

 

En cambio, lo constante, permanente durante casi dos centurias, en los Llanos de Venezuela fueron las Reducciones de los Jesuitas, quienes impulsaron toda manifestación cultural aborigen y mestiza, pese a que imponían el patronato espiritual y económico, fuente de poder y razón de ser de los hijos de Ignacio del Loyola. Allí se establecieron formidables ganaderías y caballerizas famosas. Así llegó la vaquería y el caballo para la unión perfecta que daría un hijo eterno: el joropo, síntesis exquisita y fuerte del choque cultural, joropo que traduce un pueblo, el pueblo mestizo del Llano, cultura solamente creada en el Llano, así como sabemos que lo andaluz es solamente de Andalucía, amalgama de muchas cultural de remotos países y tiempos, sin ser de ellos, con huellas de todos, una forja especial, genuina[4].

 

El proceso del descubrimiento del interior llanero pueden ser divididos en tres etapas fundamentales: la primera, correspondiente a la protagonizada por Cristóbal Colón en Agosto de 1458. La segunda corresponde a los viajes de comprobación; pero se circunscribió únicamente a las costas durante 1499 y hasta 1502. La tercera se refiere a los viajes costeros menores, siendo más importante el área llanera el de Vicente Yáñez Pinzón en 1499, quien fue el primero en penetrar el Río Orinoco hasta Cabruta y de allí hasta los raudales de Atures, en el Amazonas. En otros aspectos, diversos autores coinciden en afirmar que la región llanera reunió condiciones necesarias para que en ella se formara el caudillo, a partir de modos, costumbres y actitudes heredadas de caciques indígenas. La necesidad de suplantar el Rey, cuya autoridad no fue más reconocida, impulsó ese  tipo de liderazgo. El primer caudillo reconocido fue Antonio Sedeño, de quien dieron fe los indígenas que, desde Paria hasta el Orinoco, le venían huyendo. Murió en los llanos guariqueños de Tiznados, envenenado por su propia sirvienta.

 

El doctor Adolfo Rodríguez – autoridad regional en el estudio etnohistórico de los llanos guariqueños- explica que este fenómeno cultural que denominamos llanero, es una denominación que no quiere decir simplemente que habita en el llano. Es algo  más profundo y complejo. Es el ser humano surgido de un intenso mestizaje, plenamente adaptado al llano; por lo que hace referencia al conocimiento que tiene el mismo y al sometimiento de su clima (según los cambios y periodicidades que ocurren durante todo el año). A esto se debe añadir la tendencia a cohabitar una vida aislada en medio de grandes extensiones de tierras, en  el hato o en el conuco. Todas estas características, más el factor de supeditarse de hecho toda la economía a una sola actividad monoproductiva (ganadería), creó un tipo de manifestación única: la cultura llanera.

 

Rodríguez (1994) sostiene la tesis del cimarronaje[5] como uno de los principales factores que permitirán la conquista de los llanos. Por otra parte, el historiador explica que el espacio será “… la base fundamental de los procesos de interacción, intercambio y relación que dan lugar a la actual sociedad guariqueña” (1994: 32). Según el referido autor, el medio y el espacio será el mediador decisivo.

 

“Todo hace presumir que el vasto paño de tierra construido por lo que en el siglo XVII se denominó el Partido Paya, es el escenario donde surge la cultura neoamericana de los llaneros colombo-venezolanos. No sin razón durante la primera mitad de ese siglo representó el eje de la economía de la provincia de Venezuela cuando los cueros se convierften en el principal producto de exportación. Mientras que en la segunda mitad de dicho siglo, fue el abastecedor más importante de la carne que consumían los habitantes de la capital de esa provincia sin que dejase de proveer, asimismo cueros para la importación y contrabando” (Rodríguez, 1994: 46-47).

 

Paya como hidrotopónimo y sistema hidrográfico (un río de 82 Km. de curso que nace en la serranía de Los Paredones o Loma del Tigre, al sur de San Sebastián de los Reyes, que recoge aguas del Vilchez, el Parapara, el Carguita, el Chirgüita y otros menores) es un término genérico que nada tiene que ver con el río. Su nombre pareciera derivar del vasco y según el lugar, éste topónimo admite diversas interpretaciones: tierra de escanda (“paya”), cabaña de techumbre vegetal cubiertas con “paya” o piedra por derivación deformada del “pal-“. Sin embargo, otros autores  refieren que el nombre es de origen africano a partir de la modificación del fonema palatal lh que se observa en la pronunciación popular de cierta regiones de Brasil, caso como: muyé, para mujer; fiyo, para hijo; paya, para paja, entre otras.  Es interesante destacar que, en un sector de Barquisimeto de la Provincia de Venezuela, existió un poblado en 1749 con este nombre “… barrio que llaman Paya de casa pajizas en vive mucha gente de color[6] Otras explicaciones sobre el término son los que algunos investigadores lingüistas explican sobre la letra [j] tal como la conocemos hoy se pronuncia en castellano y que en el siglo XII no existe como fonema velar [ja, jo, ju]. Se resolvía en [y] y en [ll] con sonido palatal [yate]. Procedía del grupo latino /ly/ ante vocal, escrito [le,li], palea para palia; palla por paya. En leones antiguo muliere correspondía mujer; conciliu por conceyo; colione por coyon; colia por coya. Por otra parte el grupo /gy/ daba el mismo resultado: Pelagiu por Palayo; foguea por haya. Estos resultados, en muchas ocasiones, pasaban desapercibidos para los copistas al pasarlos al papel,  de donde la alternancia de las letras i, y, gi. Estas evoluciones son normales en el paso del latín vulgar a la lengua romance. Curiosamente el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) no trae una definición de paya (ni de palla) aunque si contiene definiciones de:

 

palla Argentina, Chile Selección de los minerales según su ley. Chile Canto del pallador. Perú Amante, concubina.

pallaco Chile Mineral aprovechable que se recoge en una mina abandonada.

pallada América del Sur Canto del pallador o payador.

pallador América del Sur Cantor popular errante.

pallaquear Perú Pallar.

pallar América del Sur Escoger la parte más rica del mineral. Improvisar coplas, en duelo con otro cantor. Perú Judía blanca gruesa. Planta que la da (Phaseolus pallar). Lóbulo de la oreja.

pallas Perú Cierta danza indígena.

 

El DRAE, también, agrega que pallador proviene del quechua pállay, recolectar: “porque el pallador escoge las palabras”. Sin embargo, en su Diccionario Etimológico, Corominas que “pallar” es una americanismo que significa “improvisar coplas en controversia[7]. Corominas hace derivar pajar de paja, y asegura que “pallar” es una palabra documentada en Aragón en el año 1101. Etimológicamente, pajar procede del latín palearium, que significa lugar donde se pone la paja. Palearium viene de palea, paja. Otras palabras latinas similares son pallaris, relativo al vestido, ya que palla significa vestido talar de mujer, capa corta que usaban los antiguos galos; palliatus es el que lleva una capa larga o manto (de ahí la palabra castellana palio).

 

El presbítero Juan Ignacio Molina, en su obra Historia civil del Reino de Chile, escrito en el siglo XVIII, habla de "los compositores de repente, llamados en su lengua Payadores"[8]. También,  Pacha viene

 

Por ejemplo, algunos autores (Agagliate, 1992; Botello, 1994; Idler, 1997) sostienen que Paya es voz caribe (cumanagota o chaima), la cual designa una bebida que fabricaban los indígenas con casabe fermentado, batata y papelón. En definitiva, creemos que Paya proviene de latín paleam y paleares (tierra adecuadas a la paya, a los cereales) “lugar de paya, tierra de cereales” y su relación está vinculada al auge de ganadería en los llanos.

 

Rodríguez (1994) señala que en contexto de lo que había sido el Partido de Paya tuvo lugar buena parte de la historia del heroísmo étnico llanero venezolano. E indica que, al menos de 10 kilómetros de Mesa de Paya, al sur de Ortiz, encontró en 1800, el Barón Alejandro de Humboldt, a unos hombres que caracterizó como “llaneros”.

 

Bibliografía

 

SALAMERO, Francisco (1993) Toponímia urbana de Torres del Bisbe”.

ZELIKOV, M. El aspecto fonético en el problema de las coincidencias vasco- celtas.

 

 

 

 

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[1] El concepto es desarrollado por el Uruguayo Ángel Rama.  Rama denominó "la plasticidad cultural" presente en los procesos transculturadores e ingresando a formar parte, aunque clandestinamente, del mundo letrado oficial.

[2] CARVAJAL, Fray  Jacinto de (1956): Descubrimiento del Río Apure, 1646.

[3] SUAREZ, Julio Concepción (2001) Diccionario Toponímico de la Montaña Asturiana. Oviedo: Editorial KFK

[4] BAQUERO NARIÑO, Alberto (1990): Joropo: Identidad llanera. Bogotá: Empresa editorial Universidad Nacional de Colombia.

[5]  El término proviene de la palabra cimarrón, el cual se aplicó al ganado doméstico que escapaba a las montañas en la Isla Española. Luego los colonizadores llamaron cimarrón a los indios que habían huido de las encomiendas; y ya en 1530, se había comenzado a llamar así a los negros fugados. A los esclavos rurales que huían de las plantaciones o haciendas hacia el monte se les decía cimarrones, pero al esclavo doméstico que escapaba de uno u otro poblado, le llamaban “huido”. De este modo que le término fue utilizado por los españoles para nombrar a los esclavizados/as quienes huían de minas, casas y haciendas para construir espacios de autonomía y libertad al margen del cautiverio esclavista. Estos rebeldes respondieron con la guerra a la violencia física y simbólica que desplegó el Estado colonial y más tarde republicano (De Friedemann, 1993: 36).

[6] Ver Santiesteban, Miguel de : “Viaje muy puntual y curioso que hace por tierra (…) desde Lima hasta Caracas, en el año 1740”. En: Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Caracas. Tomo XLVIII, no. 191, Julio-Septiembre de 1965. p. 450. También citado por Ramos Guédez, José Marcial (2001): Contribución a la Historia de la Culturas negras en Venezuela colonial. Caracas, Instituto Municipal de Publicaciones de la Alcaldía de Caracas. p.  41.

[7] Corominas,  Joan (1954) Diccionario crítico-etimológico de la lengua castellana, Berna, 1954, T.I.,pág.54.32

[8] URIBE ECHEVERRÍA, Juan (1947) Flor de canto a lo humano. Santiago: Editora Gabriela Mistral.